No nos cansamos de Barcelona (Julio 2009)

Dos días en una bonita ciudad que nos sabemos casi de memoria

No sé a donde íbamos ni de donde veníamos, pero nos paramos un momento en casa de Jose, y él encontró unos billetes a Reus por 17€ (Tengo que decir que se nos había antojado visitar (de nuevo) Barcelona desde hacía un mes más o menos. Nos miramos, y después de unos minutos de si, no, si, no, compramos los billetes, sin saber donde dormiríamos ni nada.

Llegamos a Reus un viernes de Julio por la noche, no sé a que hora exactamente, a ese aeropuerto que parece una base semi abandonada en medio de la nada donde se experimenta con seres se otro planeta, y tuvimos la suerte de encontrarnos un autocar que iba a Barcelona. ¡Perfecto!

Intenté dormirme durante el viaje de hora y media, pero no lo conseguí. Cuando llegamos a Barcelona eran las dos de la noche. Fuimos de Sans a la Plza España (creo) andando, luego cogimos un metro y llegamos a Plaça Catalunya. Cruzamos las Ramblas, llenas de jóvenes y no tan jovenes con ganas de fiesta y moros vendiendo cervezas que guardan en las alcantarillas. Llegamos al puerto y nos sentamos en un banco, donde miramos a la gente pescar. Después caminamos un poco más para sentarnos en otro lado, y luego fuimos a otro lado.





Cuando empezó a amanecer fuimos a la plaça de la Universidad o como se llame, y desde allí vimos como salía el sol y los travestis regresaban a sus casas. Cuando abrieron el Starbucks que teníamos al otro lado de la calle fuimos a desayunar. Pau confundió el metro con un terremoto, eso es lo que pasa cuando uno no está acostumbrado a él, y lleva tantísimas horas sin dormir. Después de desayunar fuimos al hostal a dejar las cosas, pero aún tuvimos que esperar una hora más porque teníamos que esperar a que fuera la hora de llegada que pusimos en la reserva...

Después de dejar nuestras mochilas y de asearnos un poco, salimos del hostal para ir a encontrarnos con Xavi. Luego nos sentamos a esperar a Gemma, y cuando ella llegó fuimos en busca de la pista de hielo. ¡Fue muy divertido! Me encanta patinar y disfruté de lo lindo, aunque la primera vuelta la di sin separarme mucho de la pared... Luego Gemma y yo intentamos enseñarles en vano a los chicos patinar hacia atrás. Pau se metió la hostia del siglo intentándolo, pobre...

Como ya era hora de comer cuando salimos de la pista, fuimos a un Burger que hay en las Ramblas. Cuando acabamos de comer, Gemma se fue, y nosotros cogimos el metro para ir a un laberinto que hay a las afueras de Barcelona. Nos costó encontrarlo casi más que encontrar la salida cuando nos metimos en este, ¡y eso que lo teníamos al lado!



Dentro del laberinto nos reímos mucho buscando la salida, fue divertidísimo. Cuando la encontramos nos sentamos y, después de descansar un rato, cogimos el metro rumbo al Parc Güel. Casi nos morimos al tener que subir esas cuestas tan empinadas, suerte que después pillamos escaleras mecánicas. Allí nos volvimos a sentar, apoyados en una columna viendo a unos hombres tocar el violín. No hacíamos más que sentarnos. Cansancio, sueño, calor... El Parc Güel me gusta mucho, pero prefiero otros edificios/esculturas modernistas.




Subimos arriba de no se donde a ver las vistas de Barcelona, y cuando bajamos nos sentamos otra vez. Allí una moto "atropelló" a una niña justo al lado de nosotros... Casi le arranqué el brazo a Jose del susto. Los de la moto se cayeron y la niña salíó volando. Por suerte no fue nada grave.


Encontramos un bar inglés, creo, no muy lejos de las Ramblas, y allí nos sentamos a tomar un refresco y a comer patatas bravas. Fue donde nos dimos cuenta de las OJERAS que teníamos los tres (Xavi no, claro) Después de descansar un largo rato y de jugar a un futbolín (que poco me gusta, por cierto) Xavi nos invitó a cenar pizza a su casa. Fue algo incómodo que Jose y yo no habláramos. Yo me propuse seguirle la conversación al papá de Xavi, pero se me cerraban los ojos, literalmente. Llevábamos treinta y pico de horas sin dormir... Encima Pau, que es el que más hablador de los tres, se había quedado afónico. Pero reí mucho, porque Jose no tenía hambre y no quería pizza, y el papá de Xavi empezó a sacarle que si queso, embutidos, pan... ¡Al final acabó comiendo más que nosotros!

Cuando llegamos al hostal fuimos directos a la ducha y a la cama. Era una pensión bastante sucia que no recomendaría a nadie, y la cama estaba un poco dura, pero dormimos, lo único que queríamos. Cuando nos despertamos por la mañana seguíamos cansados, pero ya estábamos más serenos.

Desayunamos en un bar no muy lejos del hostal, y con las mochilas cargando fuimos al monte Tibidabo en metro. Allí tuvimos que coger un tranvía y un funicular para llegar arriba del todo. No nos quedamos solo en el parque de atracciones (que estaba cerrado), también subimos esa iglesia hasta arriba del todo, para ver las preciosas vistas de Barcelona. Valió la pena.




Cuando regresamos a las Ramblas, hechos todos unos zombies, comimos de menú en un bar, una comida riquísima.


Y después ya fuimos a la estación de Sans, donde nos estresamos bastante, porque no encontrábamos transporte que nos llevara a Reus... Al final acabamos cogiendo un tren, y llegamos justísimos. Menos mal que el avión iba con retraso.

Fue un viaje agotador, muy agotador, y no disfruté todo lo que me hubiese gustado, pero también me lo pasé muy bien, en compañía de mis niños, y vi cosas nuevas y que no recordaba.